Cuando la gelatina haya cuajado, córtala en cubitos medianos del mismo tamaño. Despréndelos cuidadosamente con una espátula para evitar que se rompan y resérvalos mientras preparas la mezcla cremosa.
2. Preparar la mezcla cremosa
Calienta el ½ litro de agua restante hasta que esté muy caliente, pero sin necesidad de hervir vigorosamente. Agrega el tercer paquete de gelatina de limón y mezcla hasta que se disuelva completamente.
Deja enfriar la gelatina a temperatura ambiente. Es importante que esté fría antes de mezclarla con los demás ingredientes, pero sin permitir que comience a cuajar.
Coloca en la licuadora la gelatina disuelta, la leche evaporada y el queso crema a temperatura ambiente. Licúa durante uno o dos minutos hasta obtener una mezcla completamente lisa, uniforme y cremosa. Evita licuar durante demasiado tiempo para reducir la formación de espuma y conseguir una apariencia más limpia al momento de servir.
3. Armar la gelatina mosaico
Engrasa ligeramente el interior del molde con una capa muy fina de aceite utilizando una servilleta de papel. Esto facilitará el desmolde sin alterar el sabor de la gelatina.
Distribuye los cubitos de gelatina de limón de manera uniforme dentro del molde. Después, vierte lentamente la mezcla cremosa sobre los cubitos procurando cubrirlos por completo. Con ayuda de una espátula de silicona, acomoda suavemente los cubitos para que queden bien repartidos y se forme el característico efecto mosaico en cada rebanada.
Lleva el molde al refrigerador y deja reposar durante 3 a 4 horas como mínimo, aunque lo ideal es refrigerarlo durante toda la noche para obtener una consistencia firme y un corte perfecto.
4. Desmoldar y servir